Cuántos tropiezan por aquí cerca

martes, 10 de enero de 2012

El extraño caso de la mochila ufológica

Una mochila que guarda un secreto en su interior
Cuando mi mujer vino a España por primera vez sabía que aquí en el mundo de las narices grandes todo era más caro que en casa, aunque sólo fuese por el cambio de moneda. Por eso se trajo todo lo que pudo y creyó que podía necesitar. Eso supuso subirse al avión con cinco pantalones y siete jerséis, tres pares de calcetines y dos chaquetas, pero también la invitó a traerse un par de mochilas con ella, para que le durasen toda su estancia, que finalmente se vió extendida más de lo planeado (indefinidamente).

Una de esas mochilas llamaba mucho la atención porque era como un balón de baloncesto con una cremallera tamaño Gasol. La otra estuvo en el anonimato y missing hasta que el año pasado yo la encontré y comencé a usarla para ir a la piscina.


Como se ve en la foto de portada, es una mochila negra que no llama mucho la atención; nada fuera de lo común. Hasta que te paras a ver la etiqueta interior. Si no te fijas mucho en ella te pasa totalmente inadvertida, y das por supuesto que dice lo típico de "100% algodón, lavar en frío, no planchar, etc". Pero en realidad la etiqueta es así:



El iPhone todavía no se lo curra demasiado con la calidad de las fotos, y además los años se han cobrado su peaje en la etiqueta, por lo que debería transcribir lo que pone, aunque para los que no estén tan enamorados de Shakespeare, directamente traduciré el contenido de la etiqueta, porque no tiene desperdicio:

Empieza con una serie de imágenes del cielo, una nube, una luna y un ovni, para que sepas distinguir un ovni si lo ves. Luego, al lado de un símbolo de una cruz (¡?) hay varias figuras de un ovni con un indicador de 1 milla, media milla, un cuarto de milla y la última que simplemente dice “abducción”; debajo te indica que las imágenes están cubiertas de Xenon y se activará cuando estés a menos de una milla de un ovni, poniéndose de color rojo según la distancia a la que se encuentre. Debajo, al lado de una representación de una abducción te dice: “En caso de abducción: 1. Quédate donde estás. 2. Dales y haz lo que te pidan. 3. Olvida todo lo que suceda”. Por último, al lado de una figura parecida a un huevo, dice “Detector de tiempo perdido: si la figura cubierta de Xenon está de color rojo, has sido abducido recientemente y olvidado todo. Escudriña el cielo basándote en las imágenes de arriba”.

Como se puede ver, nada que ver con lo que cualquiera podría esperarse de una etiqueta de cualquier pieza de ropa. Pero a mí me asalta una duda: ¿Qué se le pasaba por la cabeza a la persona encargada de diseñar la etiqueta? No puedo evitar imaginarme la situación; "oyes, ¿Te encargas tú de diseñar la etiqueta?", "¿Yo? Pero si habíamos quedado que mañana tenía libre", "Bueno, mala suerte, lo haces y ya está"; para sus adentros:"te vas a cagar..."

Sin embargo, aunque mi mente se ponga a elucubrar, creo que la razón más plausible tiene más que ver  con un problema estructural con el mundo empresarial de China: la falta de cultura. Y es que en China pasa algo similar a España: la falta de cultura emprendedora entre el mundo universitario. Es decir, hablando en general, los que montan empresas suelen ser aquéllos que no se dedican a estudiar, mientras que los que estudian suelen o emigrar o buscar un trabajo con un sueldo. Eso no suele suceder en países como EEUU, donde los universitarios forman una parte importante de los emprendedores, pero ese es otro tema. La consecuencia de esta situación es que  acabaremos teniendo a un tío que gestiona una empresa que fabrica miles de mochilas al día, que exporta a treinta países, con una facturación de varios millones de RMB al año, pero que no sabe ni inglés, y cuando su diseñador en vez de crearle una etiqueta como dios manda, le copia y pega un artículo sobre ovnis que encontró por internet, él ni papa.

Además, también puede tener que ver con otro problema típico tanto de China como de España: el bajo nivel de inglés, que en el caso de China provoca tal cantidad de anuncios en chinglish y patadas a Shakespeare en todas sus versiones. Es, por tanto, también muy posible que el diseñador no tuviese ni idea de inglés y copiase el primer artículo de tamaño adecuado que encontró en internet, aunque las imágenes deberían haberle dado una idea. Cuando esto mismo no lo hizo ya el mismo jefe de la empresa que pensó para sí, “me ahorro pagarle el diseño a alguien, teniendo tantos artículos en inglés en internet”.

El caso es que la mochila es por lo menos curiosa, y no creo que vaya a encontrar alguna similar en mucho tiempo.