Cuántos tropiezan por aquí cerca

miércoles, 4 de enero de 2012

¡Qué cabeza más bonita!

Debes ser el único chino orgulloso de su cabeza

¿Alguna vez te ha sucedido que te dicen que tu cabeza es muy bonita? Lo más probable es que no. Y si, como a mí, te ha sucedido, es muy posible que te hayas quedado un poco perplejo, sin saber si te lo están diciendo de buena fe, implicando algún tipo de ironía envenenada o si simplemente estás hablando con alguien que no está muy bien...

Yo creo que la primera opción sólo es posible si tu interlocutor es un chino; y, además, algo bastante común cuando se te ve el cartón y la forma de la cabeza no se oculta bajo un pelaso espectacular.

Tantas veces fui objeto de ese piropo (?) que acabé fijándome yo también en la forma de las cabezas de mi alrededor. Así, de pronto, durante mi tiempo en China la marea de cucarachas de mi alrededor (metáfora con la que los mismos chinos se definen a sí mismos, por su pelo homogéneamente negro y lacio, vistos desde un situación elevada) se convirtió en individuos objeto de estudio.

Desde un primer momento me fijé que, de perfil, la cabeza de los chinos tiene una forma curiosa. Esa curva que se produce entre nosotros, hombres de la nata montada, por encima del cuello, es casi inexistente en la mayoría de los chinos, en algunos casos sustituida por una línea completamente recta que va desde la mitad de la espalda hasta la coronilla.

Poco a poco me fui dando cuenta de que, sin necesidad de ser fetichista de las cabezas (que de todo hay en el mundo), no es que nosotros tengamos la cabeza “bonita” o no, es que ellos la suelen tener bastante poco agraciada.

Investigando un poco más, he descubierto un hecho intrigante. Seguramente las que tengan familiares comadronas o sean enfermer@s no se sorprenderán tanto de leer que cuando los niños nacen su cabeza es como plastilina y las comadronas "moldean" la cabeza en la forma que tendremos el resto de nuestra vida, pero para los demás creo que es como para quedarse con una O en la boca durante un rato.

Pues sí, nos "moldean" la cabeza, y pensar en ello siempre me hace sentir un escalofrío y palparme la cabeza involuntariamente durante unos segundos. Sin embargo, en China no tienen esa costumbre, aunque sí que es común, por otra parte, vacunarlos pinchándolos en la cabeza. A eso hay que unir el hecho de que, dicho elegantemente, el margen por el que son expulsados los fetos es más estrecho en China de lo que suele serlo aquí en Occidente.

Todo ello acaba llevando a unas cabezas planas poco agraciadas que provocan que, cuando ven a un extranjero con su bonita curva craneal, no puedan menos que alabarla. Por mucho que sorprenda la primera vez (y todas las demás).