Cuántos tropiezan por aquí cerca

viernes, 2 de marzo de 2012

Viajar en tren en China


Por mi experiencia, España debe ser de los pocos países donde el tren es un medio de transporte marginal, junto a los EEUU y su idolatría al automóvil. Durante un año en Suiza y varios meses en otros países europeos fue mi medio de transporte principal. Sin echar de menos el coche para nada, además.

En China pasa algo similar, aunque más relacionado con la necesidad que con la comodidad. Allí no es tan fácil como aquí tener un coche y, de todos modos, las distancias (y los riesgos en la carretera) desaconsejan el viaje en carretera. Además, los precios del avión son prohibitivos (multiplicad por 10 los de aquí y os haréis una idea).

Por todos esos motivos el tren es el medio de transporte principal en el país, sobre todo en fechas especiales como el Año Nuevo.

Las primeras veces que estuve en China, como iba de turista y guiri, viajé mucho en avión (que también tiene su chicha). Pero el año que estuve allí viviendo "como un chino" viajé en tren unas cuantas veces; en concreto viajé entre Beijing y Harbin en el equivalente chino al AVE, comiéndose los mil kilómetros en unas 6 horas (iba a medio gas porque estaba aún en fase de implantación y no solía pasar de 200, aunque en una se puso a 350), y en un tren normal de Beijing a Shenzhen: 25 horas de viaje. Este último viaje es el que reviste más interés.

25 horas; más de un día completo en un tren. Ya de entrada no suena bien. Súmale luego algún retraso y la llegada a destino es como el final de una aventura. Y hay que dormir, desayunar, comer y cenar en el tren, por lo que hay que ir preparados.

El billete se puede coger por internet en la página oficial de la compañía de trenes (la página con mayor tráfico del mundo), pero lo normal es cogerlo en una de las muchísimas agencias de viaje que hay en cualquier ciudad o pueblo. A la hora de comprar el billete hay que tomar una decisión muy importante: asiento, cama dura o cama blanda.
El billete de tren en China; todo un tesoro en los días previos a Aó Nuevo

Tratándose de 25 horas de viaje el asiento ni se plantea de entrada, aunque la diferencia en el precio pueda convencer a alguno poco pudiente. En el caso de la silla dura (plástico duro estilo sala de espera de un lugar público) pueden ser unos 85 RMB, y el asiento blando (asiento normal de tren) unos 150, mientras que las camas pueden estar sobre los 400 la dura y 600 la blanda. Pero siguen siendo asientos y 25 horas ahí... He visto chinos durmiendo en el suelo bajo los asientos entre los pies de lo demás, pero, fuera de los que poseen ese súperpoder de ser capaz de dormir incluso entre pies ajenos, creo que todo el mundo tira por la cama.

Así que la decisión se reduce a cama dura o blanda. Y ¿qué supone esto? Básicamente la diferencia entre primera clase y normal. La cama dura es en realidad una colchoneta dura de gimnasio de colegio público de los 80 con una manta, dos sábanas y una almohada, mientras la cama blanda es un colchón delgado de espuma dura (ya conocéis la obsesión china por las camas duras, ¿verdad?) con almohada, sábanas y manta.

Lo que sucede es que esta cama blanda sólo la hay en primera clase. Ello supone que además de ser bastante más caro el billete, solo habrá filas de dos camas, en cabinas de dos filas con puerta y una pequeña pantalla de televisión en cada cama. Al estar sólo en chino y la pantalla ser tan pequeña que era imposible leer los subtítulos, no le di mucho uso a la pequeña tele, pero me imagino que para un chino haciendo un viaje de 25 horas puede ser todo un detalle. Sin embargo, en la segunda clase las camas están en filas de 3, con una pared de aglomerado entre cada dos filas, sin puerta ni nada.

En todo caso, lo importante a la hora de comprar el billete no es la dureza de la cama o la televisión. Lo que marca la diferencia es lo alta que te toque la cama, sobre todo en el caso de la cama dura. Si tienes la cama del centro te puedes subir casi de un salto, pero para alcanzar la cama de arriba tienes que encaramarte por un estrecha escalera sorteando pies sudorosos, vaivenes del tren y cualquier cosa que hayas dejado en la cama. Y tanto esfuerzo para tumbarte tan cerca del techo que te sientes haciendo un TAC (se me acaba de erizar el bajo cuello).
El tren irá a 300, pero alguien tiene que limpiar la vía

Lo bueno es hacerse con la cama de abajo. Con la de abajo no sólo tienes sofá además de cama, sino que también sitio seguro para tu maleta y zapatos (bajo la cama) y exclusividad de facto sobre la pequeña mesa que hay en cada "camarote". También conocí gente que evitaba la de abajo por razones de higiene e intimidad, pero bueno, también hay gente que compró pisos en España en 2007… cada loco con su tema. El caso es que la de abajo normalmente se rifa.

Cada cierto tiempo pasa un carro vendiendo comida, chucherías y fruta, pero todo viajero experimentado en China va bien provisto de botes de pasta preparada, casi desconocidos en estas latitudes. Son unos botes de cartón de vaso de McDonalds tamaño bol con pasta china y un sobre de concentrado del sabor prometido en el envase (gambas, ternera, verduras...) que se prepara en 5 minutos tan solo mezclando todo en el 'cuenco', echando agua hirviendo al gusto, tapándolo y esperando esos 5 minutos. Por supuesto, ninguna marca se atreve a ofertarse como light, 'sin conservantes artificiales', etc. Es lo más artificial imaginable, pero te salva el viaje. Por cierto, es curioso que cada bote traiga en su interior un tenedor de plástico cuando la costumbre en China es comer la pasta con palillos.

Cuántas comidas insanas me proporcionó esta pasta...
La pregunta que muchos se harán es cómo se puede sobrellevar un viaje de 25 horas. Mi experiencia es que con llevarte un libro, unos cuantos capítulos de alguna serie en el móvil y entre comer, dormitar (dormir es complicado), ver el paisaje y atender a los chinos que quieren sacarse una foto con el extranjero y/o hablar con el extranjero todo se va sobrellevando bastante bien.

Por cierto, en lo que respecta a la diferencia entre primera y segunda clase no puedo dar una opinión muy fundada porque la única vez que fui en primera (por obligación, ya que no quedaban billetes en segunda; estábamos demasiado cerca de la Fiesta de Primavera) tuve la mala suerte de que se había jodido el termostato de mi vagón y nos condenó a morirnos de calor a 30 grados durante todo el viaje (de unas 12 horas) mientras en el exterior la temperatura se alejaba del cero por el lado negativo según nos acercábamos a Harbin, por tanto yendo todos nosotros bien provistos de ropa de crudo invierno. Por eso, como me parecería injusto juzgarlo en base a una malísima experiencia espero que puntual, prefiero dejarlo ahí; tan solo afirmar que sólo volvería a coger primera clase si no hubiese sitio en segunda, como sucedió esa otra única vez. Del mismo modo tampoco puedo comparar el tren en China con el de España porque aquí nunca lo he utilizado y, por precio y servicio, ni lo considero para viajes largos.

Lo que sí puedo afirmar es que es una experiencia bastante interesante cuando se viaja de día, pues puedes admirar paisajes del sur de China impresionantes y que no se encuentran ni próximos a carreteras ni en los circuitos turísticos habituales. Me impresionaron especialmente las casas en el centro de lagunas bastantes grandes, los famosos campos de arroz tan típico de esta zona, las diferencias que se ven en los cementerios del norte y del sur, y, sobre todo, los preciosos paisajes que conforman las grutas, montañas, aldeas y lagunas entre tanta frondosidad.