Cuántos tropiezan por aquí cerca

jueves, 23 de junio de 2011

Por qué tomar soja no nos va a ayudar en nada

De un tiempo a esta parte parece que lo oriental, a veces disfrazado de japonés aunque cada vez más reconocido como chino, lo está petando en lo que a salud, dieta y estética se refiere. La soja, el tai-chi, el alisado “japonés”, el ginseng, el té chino de cualquier color, cualquier hierbita que tenga pasaporte oriental… Parece que de pronto si empiezas a comer cosas de China vas a estar más sano, más delgado y más vivir más tiempo.

Es cierto que para cualquiera que conozca un poco China la primera impresión es que la alimentación de allí algo debe tener de especial, porque la gente es más delgada (o lo era) y es muy común ver a gente mayor, muy mayor, haciendo ejercicios que aquí te cuestan mucho con 30 años. A todos nos gustaría poder levantar las piernas por encima de la cabeza y bailar dando saltitos con 80 años y sentir esa paz interior que parecen disfrutar los ancianos chinos especialmente durante su práctica matutina de Tai Qi Quan (verdadero nombre de esta técnica).

En cambio, aquí es difícil encontrar un anciano sin varios sacos de cuerpo a su alrededor y no es de recibo pedirle que salte más de lo imprescindible; su tai-chi es jugar a las cartas o dominó y su salud no siempre es todo lo buena que desearíamos o desearían.

Por eso, ahora las empresas alimenticias, explotando un filón que debe estar dando muchos beneficios, nos dicen que tenemos que comer como los chinos para conseguir esa salud de platino que nos asegurará un otoño de salud y disfrute. Sin embargo, hay muchas cosas que se pasan por alto en ese aspecto.

Para empezar, los productos de soja no tienen un sabor agradable para nosotros; no son dulces, ni salados, ni siquiera sabrosos. Saben a “nada”. Por eso, los productos “de soja” que encontraremos en nuestros supermercados tendrán siempre unos cuantos kilos de azúcar y demás maravillosas porquerías que mimarán nuestras glándulas gustativas al engullirlos, pero que también desprestigiarán enormemente sus presuntos efectos beneficiosos. Por otro lado todos los tés que nos venden aquí están infinitamente procesados en sus bolsitas y mezcladas con productos de relleno, mientras en China se toma la hoja seca sin más procesamiento. Además que el té en China sabe muy mal y se toma sin azúcar; el de aquí es tragable, y eso me indica que algo falla.

Otros detalles que se pasan por alto es que un chino medio puede comer en total unos 500 gramos de carne a la semana, o nada en toda una semana, mientras que aquí no comer carne en todo un día parece un pecado capital. Sin embargo, esa falta de carbohidratos en la dieta china no conlleva falta de ejercicio físico, aunque sí que acarrea más horas de siesta durante el día. Porque sí, los chinos duermen siesta; en el bus, en el puesto de trabajo, en el sofá… en cualquier parte te puedes encontrar un chino que duerme haciendo equilibrios con la cabeza.

En definitiva, si realmente queremos disfrutar de esa salud de platino que vemos en los ancianos chinos lo que debemos hacer es seguir una dieta realmente similar a la suya. No se trata de tomar más soja, sino menos carne; tampoco hay que tomar más té, sino menos café; no hay que hacer tai-chi una vez a la semana, sino hacer ejercicio todos los días.

Del mismo modo, y como prueba de que sólo comer un par de cosas “estilo chino” y llevar una vida sedentaria no funciona, es curioso el detalle de que a día de hoy (tal y como ya aprecié en otro artículo) no es nada difícil encontrar jóvenes con problemas de obesidad en ciudades chinas como Beijing. Estos jóvenes estoy seguro de que siguen tomando sus batidos de soja y siendo adictos al té agrio de China, sin embargo una fatal combinación de ingesta de carne comparable a la nuestra, una vida cada vez más sedentaria (ese maldito American Style…) y comer cada vez más “cosas extranjeras” está consiguiendo que sus cinturas sean cada vez más semejantes a las que podemos encontrar aquí.

Así que dejémonos de tanta soja y pijadas, comamos mejor y hagamos más ejercicio. Ésa es la única dieta milagrosa que funcionará jamás. Que no nos engañen como a chinos…