Cuántos tropiezan por aquí cerca

miércoles, 1 de junio de 2011

De cómo el Consulado te hace la vida imposible. 4ª parte y ¿final?



Bien, ya nos han puteado durante casi dos meses; los gastos están hechos, en el trabajo de mi suegro ya lo empiezan a amenazar (“¿pero tú no te ibas para un trámite de una par de días?”) y todo lo que recibimos a cambio es un papel que dice “NO” y pocas perspectivas. “Pueden ustedes recurrir”; “Pero, sinceramente, dígame usted: ¿merece realmente la pena recurrir?” (tos, carraspeo de garganta…) “Sí, sí… por supuesto… nosotros siempre leemos los recursos que recibimos… Usted recurra y ya hablamos después”. Yo pensando: “uuuuy, qué mal rollo…”
Mal rollo, sí… Durante años había estado trabajando como abogado y asesor fiscal y allí los recursos de reposición los llamábamos “ganar tiempo”; Hacienda SIEMPRE los denegaba sin leerlos, pero eran una forma de hacer extender los plazos. Tú recurrías por cualquier tontería, Haciendo no lo leía y tú ganabas unas semanas en el ínterim. Era como un acuerdo tácito. Por eso, mi primera impresión ante un recurso de reposición no era muy positiva ni esperanzadora. Hablé con ellos y les pedí una opinión sincera y… bueno… Por un momento me hicieron pensar que eran diferentes. Pero ya se sabe: al final todas las instancias públicas son iguales.

Lo que me llamó la atención fue que cuando por fin les envié los dos churros de recursos con sus documentos adjuntos, empaquetaditos y ordenados en sendos ZIP, me contestaron que los correos sobrepasaban los límites de capacidad de sus servidores. A mí ya me extrañó que un ZIP de 14 megas a día de hoy pudiese saturar cualquier servidor, especialmente uno público, así que les pedí que me dijesen cuál era ese límite para dividirlo en ZIPs más pequeños. Finalmente se derrumbaron y confesaron que sus ordenadores no pueden abrir ZIP o RAR, así que tenía que enviar todos los documentos sueltos. ¡Menudo alarde de tecnología deben poseer en este Consulado para que no les deje abrir documentos comprimidos! Qué bien aprovechado en superávit económico de principios de siglo, que parece que estos funcionario se ven obligados a trabajar con Spectrums o Commodores; tal vez tenía que habérselo enviado en casette.

La situación alcanzó una especie de punto muerto cuando les volví a enviar todo por separado en dos correos cada recurso (se trata de dos recursos porque mis suegros deben solicitar el visado por separado, y se lo han denegado a los dos), pidiéndoles que acusasen recibo y a los 5 días toda vía no se sabía nada. Sin saber si les había llegado y aquello se tramitaba o si seguía todo perdido en el ciberespacio y estábamos perdiendo el tiempo esperando, llegado el viernes decidimos llamar, sólo para volver a ser partícipes de otra de esas historias que parecen de guión.

Nos levantamos a las 5 de la mañana para llamar (qué cruz). Se repite la misma letanía: la primera vez “ese número no existe”, la segunda “el número al que llama está ocupado”, la tercera suena, cogen y se cuelga, a la cuarta ya va, pero nunca está la persona que buscas. Finalmente, logramos hablar con la señorita encargada de recibir recursos y todo tipo de documentos. “¡Ah, sí! Sí, eso llegó… mmmm… llegó el otro día, sí…” Yo pensando “si aún no le dije ni de qué recurso estoy hablando ni nada…”. “Mire, sí, sus recursos llegaron, lo que voy a hacer es enviarles ahora mismo un acuse de recibo, ¿de acuerdo?”. Se despidió muy apurada y nosotros volvimos a llamar al jefe de visados (ya me conoce por mi nombre, por cierto; sólo digo quién soy y ya sabes de qué va el tema; se ve que él también está harto de mí) para saber si el recurso se estaba gestionando y cuándo podríamos tener una resolución. “Sí, sí, su recurso se ha pasado a la persona que debe decidir. Si se gestiona bien (¿?) esto puede estar en media hora. Hoy casi seguro que podremos tener una respuesta”. Bien, trabajo hecho y vuelta a la cama.

Pero la historia no acababa ahí. Al levantarnos nos encontramos con esta cadena de datos curiosos: a las 7.10 un email acusando recibo de los recursos y a las 7.50 un mensaje de nuestros suegros diciendo que los habían llamado hace un rato para informarles de que les habían denegado el recurso. Es decir, en un plazo de algo así como media hora descubren unos recursos olvidados en su buzón y los deniegan. Estos tíos son la ostia: son capaces de leer 5 páginas de recursos, con sus 20 y pico documentos adjuntos, recapacitar sobre lo leído, decidir denegarlo y redactar el escrito de denegación ¡en media hora! Cuánto tenían que aprender los jueces de España de esta gente… Adiós a esos dos años esperando para obtener una sentencia en un procedimiento judicial: dásela a un funcionario consular, que te lo resuelve en media hora. Eso sí, el escrito de denegación sonaba sospechosamente a modelo pre-establecido, en el que sólo habían cambiado los nombres y las fechas; incluso hay un punto donde se dice “no apreciándose documentación nueva”, cuando en el recurso efectivamente se aportaba documentación nueva, ya que el jefe de visados me había dicho que una razón para interponer este recurso era el poder añadir nuevos documentos al expediente.

En fin, una solución posible (que no necesariamente factible) en este punto: interponer un recurso contencioso-administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Primera impresión: pues recurrimos. Segunda impresión tras haber llamado para informarse: hay que pagar abogado y procurador (un pincha-flores que te sopla 500 euros por llevar papeles del despacho al juzgado y viceversa), hay que presentarlo personalmente en Madrid o en la sucursal de La Coruña, suelen tardar en resolver unos 2 años y todo eso sin saber si lo denegarán o no; conclusión: ya veremos, vamos a darle un par de vueltas a la idea.

Conclusión de todo este despropósito: mi suegro pierde dos meses de sueldo por tener que estar en Beijing a las órdenes del Consulado para ir en búsqueda de los papeles que se le ocurra a alguien cada vez que va por allí; gastos, gastos y más gastos; noches de desvelo levantándose a las 5 de la mañana para discutir por teléfono con una persona cuyo trabajo es decir NO; la Reagrupación denegada por activa y por pasiva con la única solución de esperar 2 años a que un juez tenga una iluminación de sensatez y te dé la razón; un cabreo que sólo se puede mitigar un poco publicando todos estos sinsabores para compartirlos con el mundo. Gracias a todos por haber leído esta denuncia de este indignado sin tienda de campaña.

Por cierto, que todo esto no quiere decir que nos hayamos rendido y no sigamos intentando que mis suegros vengan a España. Sólo que ésa es ya otra historia. Si queréis saber más, inundadme de comentarios y os suelto la versión 2.0 de esta cruzada, que también tiene miga.