Cuántos tropiezan por aquí cerca

miércoles, 25 de mayo de 2011

Restricciones de agua en China


Yo soy de los que cierra el grifo del agua si no hace falta. Recuerdo una vez en Madrid cómo sufrí para mis adentros mientras en la residencia universitaria asistí a un grifo abierto durante 15 minutos porque un perroflauta andaluz (para más INRI) se engominaba el pelo a mi lado mientras yo lavaba los dientes y mojaba las puntitas de los dedos cada cierto tiempo para colocar cada mechoncillo (y no estoy diciendo que fuese lo más gay que he visto en años, no…).

Soy muy consciente de lo limitado de ciertos recursos en nuestro planeta. Sin embargo, nunca he podido evitar ver a mi alrededor que aunque un sencillo cálculo te puede llevar a esa conclusión (que es imposible mantener el actual sistema de despilfarro), los “despreocupados” también tienen cierta razón en decir “si hubiese algún problema limitarían el uso de algunos recursos”. Y ¿cuál es el más importante de esos recursos?: el agua.

Tú abres cualquiera de los varios grifos que hay en tu casa y siempre hay agua; incluso en los momentos de sequía. Yo entonces pienso: será porque vivimos en Galicia y aquí llueve mucho. Pero te vas a Andalucía o a Madrid y tampoco que la gente allí sea más consciente del consumo de agua. Incluso hasta hace poco se empeñaban en crear campos de golf y chalecitos con césped para que los ingleses viniesen a subirnos el precio de la vivienda.

Viendo esto yo pensaba: seguro que te vas países como China, donde dicen que sí que hay problemas de suministro, y la cosa cambia. Pero luego te vas a las ciudades grandes, las únicas que suelen visitar los extranjeros, y estamos igual: de cualquier grifo sale agua; tendrá un color sospechoso, una letalidad de necesidad y un olor a cloro que ni una piscina en verano, pero sale agua.

Tantas cosas típicas de China en una foto: la marca Haier, la pera de ducha enorme, el falso techo de plástico, el depósito de agua...
Eso sí, mi futura inmersión en la China profunda me hizo descubrir el truco: para que en las ciudades del escaparate (Beijing, Shanghai, Shenzhen, etc) haya agua constante, en los pueblos existen a cambio restricciones permanentes. En concreto, por experiencia personal puedo certificar en los pueblos del norte de China hay agua sólo dos veces al día durante una media hora cada vez. El agua de beber ya se compra en garrafas de unos 30 litros (todo un negocio que merece un artículo en sí mismo), pero para la lavadora, la ducha, la cocina, fregar el suelo, lavarse la cara, los dientes… cualquier otra cosa que no sea beber, tú sólo vas a tener agua 2 veces al día. Concretamente, sobre las 12 de la mañana y las 6 de la tarde.

Claro es que la necesidad es amiga del ingenio y eso lo solucionan los chinos de una forma muy sencilla: en cada hogar hay un depósito de agua, que es el que se llena durante esa media hora y del que se tira para el uso diario. Por tanto, sorprende la primera vez que cuando entras al baño de cualquier hogar de un pueblo de China te encuentras un megadepósito blanco encima de la bañera. Al principio recuerdo pensar: menudo calentador tienen aquí y en qué lugar más extraño. Por cierto, el depósito también es calentador, pero no se pone en la cocina porque la lavadora suele estar en el baño.

Por tanto, puedo certificar que las restricciones de agua existen. Puede que sea sensato restringir a decenas de pueblos de “sólo” 800.000 habitantes a favor de ciudades de muchos millones, pero a fin de cuentas el mismo hecho de que existan restricciones demuestra que no hay para todos, y por tanto deberíamos ser todos más conscientes de estas cosas y pensárnoslos dos veces antes de pegarse un baño de burbujas mientras se usa el retrete como papelera. Aunque los chinos de pueblo nos queden lejos, hay que pensar que cuanto más cabezones insensatos seamos, antes nos tocará a nosotros también mover nuestro calentador al baño y convertirlo en depósito de agua por necesidad.