Cuántos tropiezan por aquí cerca

viernes, 22 de abril de 2011

Cuando te saludan y huyen


Como ya he comentado durante mi estancia en Beijing residí en el barrio de FengTai, que es algo así como el barrio más pobre de la ciudad si no contamos los del extrarradio (y tengamos en cuenta que el concepto de “extrarradio” en Beijing supone a partir de varias decenas de kilómetros del centro). También es un barrio donde, como consecuencia de lo anterior, no hay extranjeros. Está claro que los extranjeros a China van o de vacaciones, o por negocios, o (alguno) a estudiar. Y en FengTai no hay nada de eso. Está la Universidad de Ciencias Empresariales y Economía, pero es una Universidad de nivel nacional, donde no suelen venir estudiantes extranjeros. Los hombres de negocios y los turistas se quedan en los barrios ricos del norte de la ciudad (FengTai está en el suroeste), donde hay coches extranjeros, rascacielos, lugares turísticos, McDonalds, tiendas de Zara y Gucci (que en China están casi al mismo nivel) y (lo más importante para mí) donde hay metro. En FengTai puede que el año que viene tengamos metro, pero por el momento hay que conformarse con autobuses en necesidad de jubilación.

Por tanto, hasta donde yo conozco, yo era el único extranjero en la zona, en tal vez kilómetros a la redonda y yo provocaba que fuese a donde fuese los chinos se quedasen boquiabiertos mirándome y se comportasen ante mi presencia como si fuese la más conocida de las estrellas de Hollywood: te miraban, te estudiaban, te cedían el paso, evitaban el contacto, las conversaciones se interrumpían… A mí nunca dejó de sorprenderme el que me estudiasen como si tuviesen la piel azul y cinco ojos, ya que supongo que desde hace años ya estarán acostumbrados a ver extranjeros aunque sólo sea por televisión. Pero lo más curioso de todo es que casi siempre intentaban la comunicación; pero no las mujeres, sino los hombres. Las mujeres mayores sonreían y tal, pero las chicas jóvenes se ruborizaban y sufrían ante mi presencia como si fuesen colegialas y yo Justin Bieber con menos pelo en la cabeza y más en… las piernas.

Sin embargo, los hombres, sobre todo chicos jóvenes siempre soltaban un “hello” que solía sonar algo así como “jelooouuu” con la U muy marcada. Normalmente la conversación a pesar de comenzar en inglés, solía continuar en chino; es decir, el chino intentando hacerse entender con toda la fuerza de su ser y yo sufriendo por comprender lo suficiente para poder una respuesta coherente mientras notaba cómo mi cerebro sudaba hacia adentro. Otras veces, el chino se desmelenaba y me abordaba con las tres frases en inglés que había aprendido (Where are you from? American? Welcome to Beijing) para acabar frustrado al no entender ni papa de lo que yo le contestaba (Spain; no, not American, Spanish, from Europe; Thank you very much).
Pero hay una tercera posibilidad, que curiosamente era la más común y la más intrigante: los chinos que te decían “hello” por la espalda y luego se achantaban. (¡!) Ese fenómeno enigmático siempre me cogía por sorpresa; yo iba andando tranquilamente cuando escuchaba un grito de “hello” a mis espaldas y al girarme veía: a) un grupo de chinos a su bola, ninguno mirando en mi dirección; b) a un chino achantándose como si hubiese tirado un piedra y quisiese esconder la mano; o c) a nadie (tal vez un coche que pasaba, o desde una ventana). Hay que reconocer que alguna vez pillaba al chino y le respondía “hello” sólo para ver cómo se descomponía de la vergüenza y finalmente huía abochornado dejándome perplejo.

He analizado este fenómeno muchas veces, pero nunca he podido llegar a una conclusión. Supongamos que es que son muy tímidos: ¿entonces por qué saludan de entrada? Supongamos que es que es la única palabra en inglés que conocen: ¿entonces… por qué saludan de entrada? Supongamos que es por meterse conmigo: ¿es que la pubertad en China durante tanto? No sé… no puedo descifrar este misterio. Sólo sé que nunca se me borrará la imagen del chino encorvado escapando de mí después de haberme dicho “hello” sin esperar a que yo respondiese. Es una pena que no hubiese nadie para sacar una foto de mi cara en aquel momento.