Cuántos tropiezan por aquí cerca

miércoles, 20 de abril de 2011

¿Por que no habia Policia en China en el 2005?


Enfrente a mi casa hay una cafetería que por las noches se llena de policías locales y nacionales tomándose su café o refresco (algún día investigaré si sólo se queda en eso la consumición…). Como no suele haber mucho donde aparcar, dejan los coches donde pueden y donde “les peta”, según la situación. Eso siempre me recuerda la multa que nos pusieron una vez por subir el coche a la acera en ese mismo lugar, mientras se bajaba mi madre: pasó el coche con orejas y flash, multa al canto y como prueba una foto en la que se me ve a mí al volante y a mi madre llegando al portal.

En fin… Lo que esta imagen realmente me ha hecho recordar es cómo ha cambiado la policía en China, entre tantísimas otras cosas.

Recuerdo que la primera vez que estuve en China, en el 2005, no veía policías por ningún lado. Más bien, no los vi desde que salí del aeropuerto. En el aeropuerto los veía por todas partes y al salir, ni uno; sólo una humedad horrenda que se te ponía sobre la piel como una sábana invisible y un tráfico infernal que no parecía dirigido por nadie.

Con el tiempo, no pude más, y le pregunté a mi mujer por qué no había policía en la calle. La respuesta me dejo estupefacto: “la hay, pero no la ves, porque siempre más de secreta, con ropa normal”. Instintivamente lo primero que hice fue mirar a mi alrededor; de pronto cualquier chino de mi entorno podía ser policía y yo podía estar bajo vigilancia. ¡Qué sensación más chunga! En un país como China por primera vez, bajo una humedad que te hace delirar, con el jetlag colaborando a tope, y con la sensación de estar vigilado por miles de ojos pequeñitos a la vez.

Por cierto, con el tiempo también descubrí otra cosa: en el aeropuerto me había parecido ver mucha policía, porque en China los uniformes es algo que les pone a tope, y cualquier personajillo que haga labores mínimamente altivas (como comprobar tu pasaporte) lleva un uniforme. Todos, excepto los policías de verdad, claro. Así que ninguno de los que yo había confundido por policías lo eran.

Me sentí especialmente orgulloso, y sorprendido a la vez, el día que julé al primer policía en las proximidades de la plaza de Tiananmen. En esta famosa plaza hay muchos vigilantes siempre, ya que los más importantes edificios gubernamentales están en esa zona, y sí, lo habéis adivinado, los vigilantes también llevan uniforme; de hecho, creo que son soldados. El caso es que iba yo tranquilamente sufriendo el calor el cansancio cuando vi a un chaval joven en bermudas y camiseta hawaina son la barriga al aire (es curioso, cuando tienen calor, los chinos sacan la tripa al aire, en vez de remangarse o desabrochar los botones). Aquel chaval con pinta de panojo me llamó la atención porque en la mano parecía llevar un móvil enorme con una antena obsoleta hasta en Cuba. El caso es que aquel aparato era un walkie de la policía; se sentó en un sitio y empezó a hablar por el walkie. Al rato aparecieron varios guardias uniformados y unos cuantos con pinta de playeros y walkie también. ¡Aquél surfer triste era un jefecillo de la policía! Si no lo hubiese visto, no me lo habría creído; así que pensé “foto”. Pero al sacar la cámara os podéis imaginar. Mi mujer salió al rescate y después de que hablasen un buen rato, la cosa terminó con mi mujer tirando de mí y diciéndome que no se puede sacar fotos a los policías. Lástima.

Pero todo esto cambió con las Olimpiadas. 2005, 2006 y 2007, siempre que fui los policías seguían con su hálito de misterio. Por cierto, una de las razones de la bajísima criminalidad de China: nunca sabes si te están vigilando, disuasión a tope; además de que también hay muchos jubilados que cobran una ínfima pensión del Estado a cambio de vigilar las calles y hacer labores de chivato profesional. A esas viejas sí que no se les escapa nada. El caso es que cuando fui a Beijing en agosto de 2008 no sólo me sorprendió que el calor húmedo pudiese ser todavía peor de lo que recordaba (antes siempre había ido en septiembre/octubre), sino el que los policías estaban por todas partes.

Casi en cada esquina había un policía apostado vigilando ¡y con uniforme! Menudo shock para mí. Es cierto que aquel mes Beijing estaba atestado de guiris y que el Gobierno quería demostrar al mundo muchas cosas, y la seguridad era una de ellas. Hubo medidas un poco exageradas, como reservar un carril en todas las carreteras para automóviles relacionados con las Olimpiadas, cerrar a cal y canto barrios enteros porque se alojaban allí los deportistas o los árbitros, prohibir la circulación de coches según el número de matrícula. Pero lo cierto es que, por primera vez para mí, había policías por todas partes y la sensación de seguridad era impresionante. Para mí se perdió un poco ese hálito de misterio que tenía la policía china, pero bueno, es fácil entender que muchos guiris si llegaban y no veían policía por ningún lado se podían llevar una idea negativa de China.

El caso es que pasado el 2008 a los policías debió gustarles cómo le quedaban los trajes y desde entonces ya van siempre uniformados. Es posible que todavía queden muchos de paisano por ahí, vigilándome, pero el misterio ha desaparecido en parte. El tráfico sigue siendo un desastre, pero ahora al menos ves a un guardia de tráfico con el coche aparcado en el cruce mirando alrededor, como si esperase a alguien. La criminalidad sigue siendo baja, pero yo creo que debe ser por las viejas chivatas, más que por el brillo de los uniformes.
Echo de menos a los policías de servicio con bermudas hawainas; eran unas risas…