Cuántos tropiezan por aquí cerca

miércoles, 27 de abril de 2011

¿Propiedad privada en China?

Cuando el mundo se dividía entre capitalistas, comunistas y el tercer mundo (los que no se aliaban ni con unos ni con otros), nadie parecía tener dudas de que China era comunista. Y eso que es difícil permanecer en un club si te peleas abiertamente con el anfitrión; aún así, con guerras con la URSS de por medio, China se situaba a la izquierda sin ninguna duda.

Sin embargo, desde que Deng Xiaoping dijo que China no era comunista sino que “estaba en el camino hacia el comunismo” (aunque en sentido contrario, diría yo) y desde que los chinos han empezado a ser cada vez más ricos, abriendo el país a las grandes multinacionales capitalistas y entrando “en el juego”, esa definición como “comunista” parece que sólo queda en el nombre del partido que ejerce el poder sin contestación.

Con todo, hay algunas reminiscencias del comunismo “real” que perduraron en China hasta hace muy poco. Aparte, claro está, de las que siguen existiendo, como es el gobierno autoritario que vela por su permanencia (parte del decálogo del buen gobernante comunista). Una de las más curiosas para los que hemos vivido casi siempre (unos 30 años en España) en el mundo libre es la referente a la propiedad privada.

Cuando empecé a considerar comprar un piso en China (por cierto, una inversión redonda si se hizo tiempo), la gente empezó a preguntarme: ¿pero China no es un país comunista? ¿En los países comunistas existe la propiedad privada, no pertenece todo al Estado? La verdad es que me entró la duda, así que empecé a informarme. Sin conocer el idioma, al principio todo se basó en la observación.

Por un lado veía a la gente viviendo alegremente en sus hogares, pero eran casi siempre hogares descuidados; nadie arreglaba los desperfectos típicos más allá de lo imprescindible para vivir, como si fuesen inquilinos y no propietarios. Por otro lado, veía expropiaciones masivas por parte del Gobierno cada vez que se querían construir nuevas carreteras o edificios nuevos, dando a entender que aquello pertenecía al Estado, pero no a los inquilinos, y sien embargo éstos recibían un nuevo hogar en otro lugar, así que algún derecho debían tener.
Finalmente mi duda se resolvió al hablar con una amiga de mi mujer que estaba estudiando Derecho en China y que hablaba inglés. El sistema en China, hasta que se derogó en el 2006, era el siguiente: cuando tú “compras” una vivienda, sea una casa o un piso, lo que estás adquiriendo en realidad es un derecho de uso en exclusiva de esa vivienda durante un determinado número de años, que en la mayoría de los casos era 85, y no la propiedad como aquí la entendemos. Es decir, todas las propiedades pertenecían en el fondo al Estado, pero tú adquirías un contrato de arrendamiento por 85 años para vivir ahí tú y tus descendientes o quien tú eligieses, pero con ese límite.

Por tanto, si tú comprabas una vivienda de segunda mano tenías que fijarte bien en cuántos años quedaban de concesión, y eso también influía en el precio. Del mismo modo, si vives en una casa que has heredado de tus abuelos, y quedan 5 años para que la recupere el Estado, ya pueden estar las cañerías a punto de reventar que lo que no es tuyo, no lo arreglas con tu dinero. Por último, en caso de expropiaciones, el nuevo hogar que se les daba a los expropiados solía ofrecérseles con el mismo tiempo de concesión, a no ser que protestasen para que se les renovase la concesión.

Hay que reconocer que este sistema, unido a la prohibición de que los extranjeros pudiesen adquirir bienes inmuebles y a la norma por la que el Estado era quien baremaba los precios de compra y venta de inmuebles ayudó mucho a que en China no se produjesen burbujas inmobiliarias (sin contar casos aislados como el de Shanghai en los 80) y a que más o menos todo el mundo tuviese siempre acceso a una vivienda en un país con un nivel de pobreza históricamente bastante alto.

Sin embargo, en el 2006 este sistema se revocó y se permitió la propiedad privada ilimitada de la propiedad horizontal; es decir, sobre la construcción, pero nunca sobre el terreno, que sigue siendo en todo caso propiedad del Estado. Por lo que a día de hoy se puede afirmar que ya existe la propiedad privada en China.
De hecho, este cambio, junto a una relajación de las otras normas y a la situación de bonanza económica que está viviendo el país desde hace unos años ha estado generando una superburbuja inmobiliaria que llega a picos de subidas del 15% mensual en la ciudad de Beijing. Por desgracia, parece que últimamente los chinos empiezan a imitar todo lo malo de Occidente. Tengo esperanzas de que en este caso el Gobierno, con su mano dura habitual, ataje el problema antes de que le explote en las narices como a los ignorantes de la nariz grande y los ojos saltones.