Cuántos tropiezan por aquí cerca

domingo, 4 de diciembre de 2011

De cómo el Consulado te hace la vida imposible. El regreso


Ha sucedido algo que me ha dejado sin palabras. De hecho, he tenido que dejar pasar un tiempo para creérmelo del todo y para que el carné estuviese en manos de mis suegros (sin vuelta atrás) antes de escribir sobre ello. Y es que como muchos sabréis los problemas que el Consulado de España en Beijing nos puso para concederles el visado por reagrupación familiar fueron numerosos y asombrosos, sólo para terminar denegándolo de una forma un tanto sorprendente.

Pues bien, como en las peores sagas del terror y splatter más casposo, cuando todo parecía haber terminado, llega una última vuelta de tuerca a la historia; y esta vez con final feliz. ¿Cómo es eso posible? ¿Cuál era el truco del almendruco consular? Ahora os lo cuento.

Los 4 largos artículos (que podéis "disfrutar" aquí, aquí, aquí y aquí) de la historia hasta ahora se pueden resumir en que, independientemente de los miles de papeles y trámites que tuvimos que solucionar, el visado de reagrupación familiar no se lo iban a conceder a mis suegros porque tenían ingresos, por ínfimos que fuesen, lo cual llevaba irremediablemente a la conclusión de que no dependían económicamente de su hija, y por tanto “no ha lugar a la solicitud de reagrupación familiar”. Es decir, debes ser absolutamente indigente para poder venir a España, lo cual siempre da que pensar...

Por tanto, tras meses de gastos, estrés y paseos, mis suegros lo único que querían era venir a España a vernos, aunque fuese por unas semanas. Preguntamos al Consulado si, ya que no tenían derecho a la reagrupación familiar, al menos podían venir como turistas. Respondieron que sí, sin ningún problema y, de hecho, tenían ese otro visado en su pasaporte a los dos días. Parece que los turistas gustan más...

Atención al detalle siguiente: para tener derecho a un visado de turismo se debe demostrar que se poseen recursos suficientes para el viaje, la estancia y cualquier imprevisto que pueda surgir. Después de meses intentando probar que mis suegros eran casi indigentes (y que no conseguimos por su pensión de 200 euros escasos) el Consulado consideró demostrado que tenían recursos suficientes como para pegarse un viaje de 3 meses por Europa. Pues claro que sí, hombre...

Eso sí, y ya acabando de meter el dedo en la llaga: es curioso que para este visado de turismo no haga falta ni presentarse en el Consulado. Si compras un viaje “todo incluido” alguien de la agencia se encarga de todo. Y con esto no quiero decir que los visados de turismo sean un coladero para inmigrantes ilegales, no...

No viene a cuento, pero como el artículo es muy largo, pongo al chino-mantecas para romper la monotonía un poco...

Bueno, pues ya tenemos a mis suegros en España como turistas, con un plazo estricto de 3 meses para abandonar la UE y pudiendo viajar por toda ésta, excepto Reino Unido, que siempre van a su aire. Entonces mi mujer piensa en voz alta: “¿y si llamamos al Registro Civil de Vigo para preguntar si hay alguna posibilidad de conseguir la residencia para mis padres?”. Obviamente mis protestas cayeron en oídos sordos y por hacer la historia (algo más) corta, diré que tras varios trámites, preguntas y demás, acabamos yendo a la policía en Plaza Compostela, donde tramitan todo lo de extranjería.

Cogemos número, esperamos nuestro turno y cuando llega entramos. Decimos: “Éstos son mis suegros, a mi mujer le acaban de conceder la nacionalidad española; ¿habría alguna posibilidad de solicitar la residencia para ellos?”. Respuesta: “Sí, claro; por reagrupación familiar. Dos fotos, este impreso cubierto y fotocopiado y estos papeles; luego pagáis la tasa y ya está”. Shock; 3 segundos de reinicio cerebral; vuelvo a hablar: “Es que ellos están aquí como turistas...”. Respuesta: “Sí, no hay problema. Ya han salido del país, que es lo difícil. Ahora están aquí y si su hija es española sólo necesitan 2 fotos, estos impresos, estos documentos y pagar la tasa. ¿Necesitáis algo más?”. Doble shock; nos vamos, yo arqueando una ceja y mi mujer radiante de alegría.

Aunque yo suponía que las cosas en España no podían estar tan mal y que en algún momento al meter los datos en el ordenador saltaría que les habían denegado el visado ya en China y que tendríamos que reconocerlo ruborizados ante algún funcionario en algún momento, recopilamos los documentos solicitados (empadronamiento y certificado de Hacienda y Seguridad Social que demostraban que mi mujer trabajaba y/o tenía recursos económicos) y los entregamos.

Era julio y en septiembre vencía el plazo de 3 meses que los turistas pueden permanecer en España. Sin embargo, al entregar esos papeles, nos dijeron que el plazo de 3 meses volvía a empezar a contar desde ese día y tendríamos alguna respuesta en unas 3 semanas. No saltó nada en ningún ordenador y seguimos disfrutando un verano sin sol ni calor mientras esperábamos respuesta.

Y la respuesta llegó, pero no como esperábamos. Lo que recibimos fue una escueta carta en la que se pedía el “Impuesto de la Renta de 2010”. Me ahorraré los disgustos y sinsabores que nos produjo creer que se referían a los de mis suegros, ya que en China no se paga este impuesto (sólo las empresas pagan impuestos, en general). Se referían al de mi mujer.

Otra imagen para los que no les gusta leer; de paso le hacemos publicidad a Pitoche

Obstáculo a la vista: se acababa de dar de alta en marzo en 2011, tras conseguir la nacionalidad, así que no había pagado IRPF aún. Fuimos a la policía a preguntar qué podíamos hacer. Nos dicen que eso no lo llevan, que quien nos lo está pidiendo es la Delegación del Gobierno en Pontevedra. Allá nos vamos; allí no saben qué hacer, la que lo lleva no está, la jefa viene en un momento, dejadnos un número y os llamamos...

“Aquí se acaba todo”, pensé. Pero llamaron; se podía sustituir con un extracto de la cuenta bancaria que demostrase que estaba realmente ejerciendo una actividad. Más problemas con que tiene que estar sellado por el banco; que el banco dice que eso no lo sella; pues que lo firme el director del banco; la directora del banco está reunida; que te traemos el saldo, que eso sí lo sellan; que el saldo sólo no vale porque los chinos se rulan dinero entre las cuentas para engañarnos y queremos ver los movimientos... Una ruleta de despropósitos hasta que finalmente aceptaron los movimientos sin sellar, tal vez al considerar que era muy difícil falsificar tan bien unos movimientos bancarios en 15 minutos (el banco estaba realmente cerca) y de forma tan congruente. Y el ordenador sin dar la señal de alarma...

A los pocos días llegó una carta con la que se fueron a hacer el carné del NIE. Como era la primera vez, les dieron primero esta tira de papel alargado tan “difícil” de falsificar que se supone que tiene el mismo valor legal que un carné en condiciones, y a las dos semanas el carné definitivamente. Misión cumplida; sin comerlo ni beberlo y por la puerta de atrás, terminó nuestro periplo administrativo en búsqueda del santo grial de la residencia en España. Justo cuando nos habíamos rendido, ocurrió el milagro. Debió ser el karma...

Reflexiones finales: después de denegarlo porque tenían recursos, se lo concedieron con un visado de turismo que sólo se concede a su vez a gente que demuestra que tiene recursos. Además, “lo difícil” parece ser salir del país; resulta que China es Cuba en los 60 y no me había enterado. Por último, en China todo se basó en demostrar que ellos no tenían recursos; mientras que en España todo se basó en demostrar que su hija tenía recursos. Los requisitos en viceversa nunca importaron.

Termino con una recomendación basada en la experiencia: si queréis solicitar la reagrupación familiar, empezad con un visado de turismo y, una vez aquí, comenzad los trámites; no perdáis el tiempo solicitándolo en el país de origen.